Nos encontramos ante una emergencia nacional. En México, 11 mujeres y niñas son asesinadas diariamente por el simple hecho de ser mujeres. En el mundo, una de cada tres sufre de violencia física o sexual. Esta problemática social, determinada por la desigualdad de género, provoca impotencia, inseguridad, ira y una creciente rabia en nuestra sociedad.
Los movimientos feministas se han encargado de denunciar y generar propuestas que favorezcan y reivindiquen los derechos e igualdades de las mujeres en el mundo; sin embargo, este esfuerzo no ha sido suficiente para amainar el problema. México no es la excepción, pues ha sido incapaz de lidiar con su profundo y arraigado machismo.
En los últimos años, en específico en el reciente lustro, el movimiento feminista en México, y sus diversas formas de protesta, han cobrado una fuerza eminente; es un momento histórico sin precedentes, un llamado de auxilio, resistencia, sororidad y solidaridad que no debemos ignorar.
Y aunque el camino está lleno de confrontaciones, para mí, como mujer, madre y fotógrafa, es de suma importancia documentar la memoria visual colectiva y visibilizar las diferentes formas de expresión de las protestas feministas actuales. A lo largo de estos cinco años, he enfocado parte de mi trabajo en registrar este movimiento con el fin de generar un archivo memorial y abrir espacios de diálogo, respeto y entendimiento. Me interesa abordar diversos ángulos como el dolor, el amor, la tristeza, la sororidad, la ira y la rabia; que son algunos de los sentimientos y convicciones que acompañan y se entrelazan en esta lucha.