Las notas del piano flotan suavemente en los pasillos del C3, ascendiendo en el espacio impulsadas por el viento de los cinco instrumentos que lo acompañan. La suma de los sonidos reproduce Married life, pieza del compositor Michael Giacchino. Quienes han visto la película de Pixar Animation Studios, Up, saben que se trata de una de las secuencias más emotivas en una película animada. La asociación es una fuerza poderosa.
Así comenzó la presentación del sexteto de alientos Rodríguez Lara, quienes, a través de sonidos reconocibles, acercaron a los espectadores a la música que interpretan. “Es una forma de atraer a la gente con lo que más conocen”, dijo Saulo León, compositor y fundador del grupo. El concierto clausuró el ciclo de Jueves de Música en el Centro de Ciencias de la Complejidad (C3) de la UNAM el pasado 6 de junio.
El público escucha
La siguiente pieza vino de un videojuego de fantasía y acción, una mezcla de distintas canciones que han aparecido en La leyenda de Zelda, desarrollada por Nintendo y cuya primera versión salió a la venta en 1986 y la más reciente en 2018. Sin detenerse transitan al tema de una caricatura contemporánea: Gravity Falls, serie animada producida por Disney Television Animation.
“Buscamos llegar a los recuerdos, memorias y corazones de nuestro público”, explicó Axel Álvarez, clarinete, mientras introduce los sonidos de Pokémon, una franquicia del entretenimiento con la que seguramente cualquier persona que creció con televisión a color está familiarizada.
Terminó la primera sección con la banda sonora de Los Piratas del Caribe.
El público aplaude
Para la segunda sección se presentaron canciones populares latinoamericanas como las danzas mexicanas La Bikina y La Sandunga y los tangos Por una Cabeza y El Choclo. Siguió la canción brasileña Tico-Tico no Fubá (gorrión come maíz) escrita por Zequinha de Abreu en 1917. Fernanda Guerra, oboísta de integración reciente, no decepciona.
Hasta ahí la presentación de este grupo de jóvenes músicos creado en 2018, un quinteto de alientos formado por Axel Álvarez (clarinete), Penélope Zenteno (fagot),Alfonso Morán (flauta), Hannia Cortes (corno francés) y Fernanda Guerra la integrante más joven del grupo con 18 años y el único cambio desde la alineación original. Los complementa Antonio Huerta en el piano, instrumento que integra el todo y ayuda a generar un color armónico y una orquestación más completa.
El público pide otra canción
El día estaba nublado, por lo que Una tarde gris, pieza compuesta por León y con la que finalmente el sexteto Rodríguez Lara cerró su presentación, no pudo ir mejor. Una danza que la agrupación dedicó “tanto a los que están aquí como a los que no están, porque es una danza y tanto en vida como en muerte estamos celebrando y siempre hay que sonreír”.
Saulo sonríe mientras sus compañeros tocan. “Él se encarga de hacer las variaciones en los arreglos y adaptarlas a nosotros [...] es un miembro fundamental, fue el que creó este ensamble”, explica Morán el flautista al terminar la presentación.
Saulo fue el encargado de amalgamar a este conjunto con integrantes de toda la República, alientos de Morelos, Durango, Jalisco, Guerrero y Oaxaca y el piano de la Ciudad de México. Todos estudiantes y casi todos, de la Facultad de Música de la UNAM, con excepción de Huerta que cursa sus estudios en la Escuela Superior de Música.
El nombre del grupo está dedicado al profesor Ambrosio Salvador Rodríguez Lara. “Todo lo que aprendí, todas mis bases se las debo a ese profesor. Quise darle el nombre a la agrupación como agradecimiento a todo lo que me enseñó durante tres años”, dijo el compositor y arreglista.
Complejidad
—¿Ya conocían el C3?—, les pregunto.
—Sólo el de la facultad, me dicen mientras ríen. Se refieren al salón 3 del edificio C de la FaM ubicado en sureño barrio de Coyoacán en la ciudad de México.
Sin embargo, la complejidad no es ajena a ellos. Tampoco que las interacciones entre los elementos a veces son más importantes que los propios elementos.
“Dos instrumentos pueden llevar la misma frase melódica y tocar al mismo tiempo eso nos deja con la tarea de conectarnos con la otra persona para que suene afinado y con un color agradable, hay un equilibrio al que ambos instrumentistas deben llegar”, explica Álvarez el clarinetista. “Pero hay otra forma que a mi me parece más rica. Dos instrumentos pueden tocar cosas distintas sobre la misma pieza y entrar en un diálogo muy importante, como dos personas hablando de un tema, pero respondiendo cosas distintas. Siento que ahí hay una conexión más importante”.
Para Saulo, se trata de la experiencia que cada compositor debería buscar para mejorar su forma de escribir. “Es divertido hacer toda la combinación tímbrica y rítmica; es justamente así como se generan estos diálogos. Y cuando se logra dialogar entre todos es cuando suena a una agrupación, a un todo. Es el punto en el que se disfruta más la música porque estás compartiendo”.
Compartir música fue uno de los objetivos de este ciclo de Jueves de Música al que dieron cierre y parece ser lo que motiva al grupo. Quieren ser también un puente para dar a conocer la música de compositores emergentes.
Dentro de los próximos repertorios de la agrupación se encontrarán colaboraciones con 9 compositores de la FaM; además, abrirán una convocatoria para trabajar con otras escuelas de música de la ciudad de México.
“La música que normalmente se toca es lo que ya está escrita de toda la vida. A lo que se enfrentan los nuevos compositores es que no hay quien toque su música”, dijo Zenteno la fagotista. Por ello, Rodríguez Lara busca también que los compositores en formación tengan un ensamble para quién componer y pueda sonar la música que están creando. “Que tengan ellos un espacio y nosotros música nueva para presentar”.