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En busca de alertas tempranas

Jessica Gamiño González

20 de febrero de 2018

La diabetes es una enfermedad crónica del metabolismo que se caracteriza por niveles de azúcar muy altos en sangre. En México se considera epidémica, con un total de 9 millones de pacientes diagnosticados. Lo más preocupante es que casi la mitad de las personas que padecen esta condición son diagnosticadas, en promedio, diez años después de comenzar con el padecimiento, cuando el daño a la salud es significativo.

Una de las principales causas del diagnóstico tardío es la falta de cultura hacia la prevención y la valoración clínica rutinaria, esto en parte debido a lo incómodo que pueden resultar para los pacientes los exámenes de diagnóstico, explicó en conferencia magistral durante la Segunda Semana de Ciencias de la Complejidad Ana Leonor Rivera, investigadora del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM y miembro del C3.

Para Rivera, usando un enfoque desde las ciencias de la complejidad es posible ver a la salud como una transiciones de fase, un punto crítico que caracterizan diversos fenómenos. La salud podría considerarse como un estado homeostático de balance entre robustez (resistencia al cambio) y adaptabilidad a los cambios el ambiente (la capacidad de reaccionar rápidamente). En este punto crítico, cualquier perturbación se propaga al sistema de forma inmediata.

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“La robustez es ser como un reloj suizo (como cuando el corazón mantiene constante el ritmo cardiaco) y la adaptabilidad es poder reaccionar ante cambios (como cuando corro, me levanto después de estar acostado, o veo al chico que me gusta y entonces el corazón se acelera)”, dijo en una entrevista posterior y agregó: “la enfermedad sería justo cuando se pierde ese balance”.

Series de tiempo para identificar las alertas tempranas

Si la enfermedad es la pérdida del punto crítico, la doctora en física y su equipo consideran que es posible utilizar series de tiempo fisiológicas para identificar desviaciones de este punto que indiquen la pérdida de balance.

La idea es encontrar biomarcadores basados en parámetros fisiológicos no invasivos que permitan caracterizar estados saludables. Si estos biomarcadores se alejan del punto crítico podrían usarse como indicadores tempranos, auxiliando en el diagnóstico clínico de diversas enfermedades.

Además, al tratarse de parámetros fisiológicos no invasivos, como la variabilidad del ritmo cardiaco o la presión sistólica, se esperaría que los pacientes sean menos renuentes a realizarse revisiones periodicas preventivas.

Algunos avances

Rivera presentó algunos resultados de su investigación. En colaboración con el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, estudiaron a 30 personas con diabetes avanzada (controlada) y 30 personas con diabetes recientemente diagnosticada. Se midieron las series de tiempo de la presión sistólica y diastólica en tres diferentes posiciones: acostadas, de pie y sentadas.

Durante el estudio encontraron que otras variables de cambio de fase son el sexo y la edad de la persona. “Los hombres tienen un mayor valor promedio en el ritmo cardiaco, que se vuelve todavía más alto cuando envejecen”, lo que no sucede en el caso de las mujeres, dijo.

El análisis permitió identificar un biomarcador basado en la pérdida de la modulación cardiorespiratoria de acuerdo a la evolución de la diabetes. La investigadora indicó que aún se trabaja en afinar el biomarcador. Además, ya trabajan en extender el estudio a identificar otros marcadores similares en enfermedades como la epilepsia o los problemas cardiacos.

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