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Entre el blanco y el negro

Cesar Montes Figueroa

14 de febrero de 2020

El jueves 6 de febrero, tras la inauguración de la exposición Family Constellations de Giuditta-R en el Centro de Ciencias de la Complejidad (C3) de la Universidad Nacional Autónoma de México, Patricia Maya Alcántara compartió sus reflexiones sobre la obra de la artista italiana en la conferencia “Antropología social y arte”.

Maya Alcántara es colaboradora de análisis artísticos del Programa de Promoción Artística Internacional de Superficie Arte Vórtice, medio de comunicación responsable de la curaduría de la exposición. Mediante un enfoque antropológico, la también estudiante de Etnohistoria en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) exploró el significado inmerso en las figuras trazadas a lápiz que Giuditta-R exhibe en la planta baja del C3 hasta el 27 de febrero.

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Su formación profesional e intereses personales dan a Maya Alcántara una perspectiva que la obliga a reflejar en su análisis una preocupación especial por los temas sociales, integrando estas inquietudes a la paleta de la artista. De ahí que en su presentación destacó elementos relacionados a problemas sociales, tanto históricos como actuales, la crítica a las instituciones y los sentimientos que le provocaron las imágenes.

Detrás del trazo

Para su análisis Maya Alcántara comenzó su aproximación a ciegas, se enfrentaba a un artista desconocido, desmenuzando los elementos de su obra sin saber a quien veía, “no sabía siquiera si era hombre o mujer”, explicó. Sin embargo, notó que el trazo no parecía local por los rasgos de los cuerpos, el ambiente, además de la vestimenta, accesorios y otros elementos que rodean la escena. “Todo en conjunto me daba la impresión de un origen europeo”, dijo durante su presentación mientras en la pantalla del auditorio del C3 se proyectaban unas figuras de rasgos infantiles, a blanco y negro con pequeños toques monocromáticos. El contraste solemne de las imágenes se adhirió a sus palabras: “estas imágenes me dieron una sensación de resignación, de espera. A veces somos indiferentes ante los adultos, ponemos un poco más de atención hacia los niños”.

Los símbolos y los sucesos sociales representados se alejan un poco de la situación latinoamericana, sin embargo, evocan sentimientos similares. Entre rasgos y contextos, en su mayoría infantiles, emanan sueños y miedos entremezclados con realidad y nostalgia.

A lo largo de la conferencia, Maya Alcántara, quien también cursó cinco semestres en Letras Hispánicas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, ilustró sus comentarios de una forma peculiar, análoga a como fue explorando la obra: presentando solo la imagen y exponiendo sus percepciones iniciales para luego mostrar el título, volviendo esas palabras elementos complementarios de cada imagen. Con la aparición de los títulos “prevalecieron las imágenes que percibí, pero ella (Giuditta) me daba otra visión, o la ampliaba y la reafirmaba”, explicó Maya Alcántara en entrevista posterior.

Cada cabeza es un mundo

Durante la entrevista, al preguntarle sobre la importancia del diálogo entre artista y audiencia y qué tanto una interpretación es sólo eso, una interpretación que puede alejarse de la intención del artista, explicó que aunque tienen que ver la formación y las experiencias individuales, ya que pueden brindarnos perspectivas distintas y provocar sensaciones opuestas, en nuestro entorno actual el arte muchas veces se queda en el nivel de una simple satisfacción visual mientras que la expresión de sentimientos y pensamientos a través del lenguaje queda relegada por lo que nosotros, como receptores, tenemos la responsabilidad de sensibilizarnos para aprender a comunicarnos con el artista más allá de la apreciación estética y llegar a un análisis del contenido.

“Como sociedad tenemos que comunicarnos y el medio de comunicación es el lenguaje, de cualquier forma, escrito, hablado o representado”, afirmó al mismo tiempo que resaltó las habilidades de Giuditta-R para capturar elementos que intrigan y hacen reflexionar al espectador. Contenidos con un código que hay que descifrar.

Para Maya Alcántara, todos somos diferentes, tenemos concepciones, ideas y experiencias diversas, “el arte (en este caso) entra por los ojos, se transmite al cerebro y del cerebro puede pasar al resto del cuerpo, lo que quiera decirnos la obra puede llegar hasta el corazón”, moviendo sensibilidades y trabajando en niveles más inconscientes, lo que nos permite percibir más a fondo y apreciar habilidades del artista y comunicarnos con sus experiencias.

La comunicación también se trata de no quedarnos con partes. Se trata de un proceso interactivo en donde es necesario regresar a lo que observamos, traducir sensibilidad a acción, traspasar mundos y barreras. “No es lo mismo ver una sola obra a ver todas los demás. Si hubiéramos visto sólo uno [un cuadro] no podríamos entender, no llegaríamos a ese punto. Vemos dos, y dices: ¡Ah, caray! ya lo estás entendiendo. Un poquito más. ¿Por dónde va? ¿qué quiere decir? ¿por qué lo hace? Vemos 3,4, 5…. ¡tenemos aquí 33! Empezamos a ver lazos y patrones y eso ya lo hizo complejo”. Entramos sin querer a la complejidad

Arte como motor de pensamiento

Sobre el C3, “Patty Maya”, como le gusta presentarse, explica que hizo su tarea, investigando sobre el Centro y el trabajo que aquí se desarrolla. “Había estado leyendo mucho, paso por aquí casi todo los días”, aunque confiesa que en un principio el espacio le parecía intimidante, “puro físico y matemático”. Pronto se dio cuenta de que la filosofía de este espacio interdisciplinario es integrar y no excluir. También hay espacio para el arte como un medio que sensibiliza al hombre, amplía sus horizontes y la complejidad se puede ver a través de ese cristal al mismo tiempo que puede ser un método para llegar a la gente. La comunicación es necesaria en todos los ámbitos de las relaciones humanas, “transitar por la vida tiene un objetivo” interpretación, introspección, reinterpretación. “Muchas veces una consecuencia del conocimiento (científico y filosófico) es generar vínculos, en esa generación de vínculos, entre disciplinas se pueden tejer redes para perseguir un objetivo”. En su opinión, el C3 es un punto de encuentro y partida, formando lazos de reciprocidad que aumentan el conocimiento y pueden empezar, por ejemplo, desde la sensibilidad artística, para luego saltar a la economía, y de ahí al derecho y de ahí a la medicina. “Ahora me doy cuenta de que la complejidad es polisémica, tenía una construcción que cambió y sigue en proceso”, agrega.

Panoramas complejos

Para terminar, Maya Alcántara habló sobre su trabajo de tesis, que desarrolla con investigaciones hemerográficas y entrevistas, y trata de la situación de niños recluidos con sus madres en centros de detención. Busca visibilizar los problemas que enfrentan (espacio inadecuado, insalubre, lleno de violencia y exclusión) como un primer paso para encontrar soluciones.

Si bien el trabajo parte de la importancia de la visualización de los niños como sujetos históricos y la importancia de la infancia en el desarrollo humano, ahora tiene más herramientas para incorporar a su investigación. “Si el arte entró (al C3) y yo entré con el arte, ahora tengo ganas de expandir esa experiencia e incorporar ese conocimiento de la complejidad en otros rubros”.


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