El 27 de octubre de 2025, con la presencia del rector de la UNAM, Leonardo Lomelí Vanegas, el Centro de Ciencias de la Complejidad (C3) celebró 10 años de generar, desde su sede actual, conocimiento interdisciplinario para resolver problemas complejos y un cambio de paradigma en la investigación científica mexicana.
Fue el 28 de octubre de 2015 cuando fue inaugurado el edificio del C3, un centro de investigación que se ha consolidado como un punto de encuentro estratégico dentro de la Universidad que nació con la misión de derribar los muros de la especialización del siglo XX para enfrentar problemas "de gran calado" como el cambio climático, la salud pública, la desigualdad y la violencia.
En el evento inaugural, que se llevó a cabo en el Auditorio del Museo de Ciencias Universum, y con la presencia de académicos, estudiantes e invitados especiales, el rector Lomelí Vanegas dijo que el C3 es la respuesta integral de la UNAM para cultivar una ciencia que dialoga con la sociedad.
"Practicar una mirada desde la complejidad implica renunciar a las simplificaciones y concebir el conocimiento como una construcción que nace de la duda, la creatividad y la solidez metodológica", afirmó.
Y agregó que "los avances más significativos no nacen de repetir viejas fórmulas y respuestas, sino de atreverse a formular los supuestos de otro modo. Y eso es precisamente lo que este Centro ha sabido hacer".
La fuerza -y desafíos- de la colaboración
Con el rector, estuvieron también la coordinadora de Investigación Científica de la UNAM, María Soledad Funes Argüello; el fundador y primer coordinador del C3, Alejandro Frank; el actual coordinador del Centro, Xavier Soberón Mainero; y el coordinador de Investigación del C3, Christopher Stephens.
Todos coincidieron en que los problemas que enfrenta el mundo son cada vez más complejos y, en consecuencia, es necesaria una investigación distinta, más allá de los límites disciplinarios, que pueda ofrecer respuestas complejas.
La coordinadora Funes Argüello subrayó que la complejidad no es un obstáculo, sino el reflejo fiel del mundo actual, para el que se necesita generar conocimiento desde una "humildad intelectual" constante para construir lenguajes comunes entre comunidades diversas.
"El C3 nació de una intuición profunda: que los desafíos del siglo XXI no pueden entenderse ni resolverse desde una sola trinchera". Y en ese sentido, agregó la investigadora, "la Universidad avanza cuando cada parte entiende que su fuerza está en el vínculo con las demás. El C3 encarna esa posibilidad, la de una Universidad que aprende de sí misma".
Pero lograr un Centro así, tan sui géneris, no ha sido sencillo. Uno de los desafíos es que no cuenta con investigadores contratados; son asociados que mantienen sus adscripciones en otras facultades e institutos, pero que se reúnen en el C3 para generar proyectos con profesionales de otras disciplinas y una mirada integradora. Es un modelo colaborativo único.
El actual coordinador general del C3 , Xavier Sobertón, habló de los retos administrativos y culturales que implica una estructura tan innovadora. Y reconoció que, aunque la normativa universitaria fue diseñada para modelos tradicionales, la institución tiene la vitalidad para adaptarse a proyectos colectivos y estancias temporales.
"Aunque integrar proyectos interdisciplinarios para abordar problemas de gran calado sea difícil, no significa que no sea posible y mucho menos que haya que dejar de intentarlo", afirmó.
Muchos de esos problemas, además, requieren tecnología y en eso el C3 también está a la vanguardia por su fuerza de cómputo para el análisis, almacenamiento y procesamiento de grandes cantidades de datos. "La evolución de la capacidad de adquisición de datos y su procesamiento con nuevas herramientas computacionales se presenta como la gran revolución de nuestro tiempo", aseguró Soberón.
Más de 10 años de historia
A pesar de que se celebraron 10 años, el origen del C3 data de más de dos décadas, cuando un grupo de investigadores se reunieron con una idea disruptiva: que en la UNAM fuera posible pensar, colaborar y generar ciencia en colectivo a partir del diálogo entre disciplinas.
Por eso, la inauguración del edificio hace diez años fue mucho más que un evento protocolario. Para Frank, representó el inicio de lo que hoy caracteriza al C3: la posibilidad de cruzar fronteras para demostrar que los retos del país, desde el cambio climático, la salud pública, la pérdida de biodiversidad, hasta la desigualdad y la violencia, no caben en una sola disciplina, sino que requieren “la unión de saberes, creatividad y colaboración genuina".
"Hace 10 años inauguramos nuestro edificio (...) No fue solo abrir una puerta, fue encender una idea. La idea de que la complejidad debía tener un hogar en la Universidad" porque "la complejidad no es una moda ni un lujo intelectual, nos enseña que la ciencia progresa en redes, que los sistemas humanos y naturales comparten patrones".
Frank también destacó que el Centro ha tejido redes con más de 60 entidades universitarias, integrando a personas físicas, médicas, ecólogas, artistas y filósofas, entre otras, en proyectos que van desde las neurociencias hasta la movilidad urbana.
Por su parte, Stephens sugirió que la misión del C3 es tan vital que, en un análisis racional, si el Centro no existiera, tendría que ser inventado para atender los problemas que se resisten a las soluciones tradicionales.
"No estamos enfocados en el estudio de sistemas complejos como un área de ciencia pura y básica. El C3 es para apoyar ese objetivo sustantivo [atender problemas nacionales] no simplemente para la Universidad, sino, me atrevo decir, para la nación", dijo.
Stephens afirmó que los desafíos que enfrenta el mundo exigen la consolidación e integración de disciplinas y de esfuerzos individuales y colectivos por una razón simple: "los problemas nacionales no conocen fronteras disciplinarias”.
Ligas de interés: