Cuando se habla de temas demográficos, el mundo enfrenta dos narrativas a menudo alarmistas: por un lado, “la bomba demográfica” que se refiere al crecimiento excesivo de la población y, por otro lado, “la crisis demográfica”, vinculada a los flujos migratorios, la baja fecundidad y el envejecimiento.
Pero la dinámica poblacional no tiene un carácter ni positivo ni negativo, dijo la demógrafa y ex presidenta de El Colegio de México Silvia Elena Giorguli Saucedo en el encuentro Ciencia, Innovación, Tecnología y Academia (CITA), que organiza el Centro de Ciencias de la Complejidad (C3) de la UNAM, en alianza con la Academia Mexicana de Ciencias (AMC).
Lo que le da una connotación negativa o positiva a la dinámica poblacional es cómo se vincula con las políticas de Estado, las formas de organización social y las decisiones personales.
Por ejemplo, a menudo se culpa a las mujeres de un posible colapso demográfico debido a la baja tasa de nacimientos, cuando “en realidad, son las barreras económicas y las desigualdades en los sistemas de género las causas de que muchas personas no quieran tener hijos”, dijo la investigadora. Por eso, para Giorguli es importante entender cómo cambia la población con base en evidencia, y no en alarmismo.
Durante el siglo XX, la población mundial creció a un ritmo acelerado. De acuerdo con datos de Naciones Unidas, de 2.5 mil millones de personas en 1950 con una esperanza de vida de 46.5 años y una tasa de fecundidad de 5 hijos por mujer, pasamos a casi 8 mil millones en 2020, con una esperanza de vida de 71 años y 2.3 hijos por mujer.
Hoy la población es muy distinta. El mundo atraviesa por una desaceleración poblacional, pues se proyecta que entre 2070 y 2080 la población se estabilizará en un poco más de 10 mil millones de habitantes.
“Desde inicios de esta década, la tasa de crecimiento poblacional está por debajo del 1% y todavía con grandes retos en términos de desigualdades”, explicó Giorguli. Mientras que en algunos lugares de Asia, sigue habiendo demasiados nacimientos, en otros sitios, como en Europa, hay preocupación por la baja tasa de natalidad.
Pero, de nuevo, vale la pena confrontar las ideas alarmistas contra los datos. Por ejemplo, hay una narrativa de que el acelerado crecimiento poblacional es el responsable de la crisis climática, los conflictos por escasez de recursos, la hambruna, las enfermedades y las guerras. En realidad, dijo Giorguli, los datos no sostienen estas preocupaciones. No sólo se sabe que dos tercios de la población mundial viven en países con baja tasa de fecundidad, sino que buena parte de los problemas no se debe al exceso de personas, sino, por un lado, al aumento en el promedio de vida y, por otro lado, a las desigualdades y la mala distribución de los recursos.
Giorguli también planteó si habrá un colapso demográfico debido a la baja tasa de nacimientos, o si son funcionales las políticas de Estado que ofrecen beneficios o incentivos fiscales a las mujeres que tienen hijos para impulsar la natalidad. La demógrafa explicó que tampoco hay datos que revelen un colapso: las bajas tasas de fecundidad en muchos lugares no son recientes, sino que datan de los setentas; la migración ha impedido que la población decrezca; hay un mayor control de las decisiones reproductivas entre las mujeres; y, finalmente, no hay evidencia de que las medidas coercitivas para incrementar la fecundidad funcionen.
Frente a la narrativa de que la migración es la culpable de los bajos salarios, problemas sociales o que sea una amenaza a las identidades nacionales, Giorguli también respondió con datos: el porcentaje de personas que viven en un país diferente al que nacieron se ha mantenido entre 3% y 4% en los últimos 60 años. Y en contra de lo que se cree, el fenómeno de la migración “puede ser un mecanismo de desarrollo humano a través de las remesas, reducir la desigualdad social; pueden compensar las altas tasas de dependencia en los países receptores ya que gran parte de esta población cubre las necesidades de cuidado; y puede ser una factor de desarrollo a través de la creatividad y el intercambio de ideas”.
Finalmente, Giorguli aseguró de que en México también hay un proceso de desaceleración en el crecimiento de su población y se espera llegar al pico máximo de población en 2050, además su esperanza de vida desde el 2000 a 2025 sólo ha incrementado 6 años, esto debido a la alta tasa de mortalidad por causas violentas y accidentes.
Envejecer implica innovar
Para José Miguel Guzmán , demógrafo y presidente de la organización No Brainer Data , los datos demográficos deben ayudar a los países a prepararse y adaptarse a las dinámicas poblacionales. Por ejemplo, es necesario entender las tendencias de la llamada economía plateada, enfocada en la edad adulta mayor, y prever desde la política pública sus necesidades y demandas. De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional la situación de los grupos etarios de la actualidad es que están viviendo vidas más sanas, especialmente las vejeces, tanto física como cognitivamente, y esta es una ventana de oportunidad para el rediseño del contexto laboral.
La posibilidad de un envejecimiento saludable resulta favorable en esta transición demográfica, pues prolongará el papel de la tercera edad en el ámbito laboral, aumentando en un 36% la oferta laboral efectiva de los mayores para 2100. Guzmán recalcó que estas transformaciones deben ir de la mano con “empleos de menor exigencia física, menor estrés y mayor seguridad, pero al mismo tiempo es importante el reducir la brecha de productividad con economías líderes, avanzar en el uso de la tecnología y fomentar la innovación”.
Guzmán también aseguró que este rediseño depende de tener poblaciones saludables, una mayor inclusión femenina en el trabajo y seguramente una extensión en la edad para jubilarse, sin embargo el menor crecimiento económico es inevitable: “Las buenas políticas pueden suavizar el impacto, pero el envejecimiento transformará a las economías”.
La investigación y la legislación en pro de las vejeces no puede esperar, dijo Guzmán. “Tenemos que liberar todo el potencial de estudiar las sociedades que envejecen; no es una labor fácil, pero para lograr cambios son necesarios acuerdos entre personas, instituciones y gobierno, sobre todo en un contexto donde solamente el 40% de la población en edad de trabajar está cotizando a un sistema de previsión social; llegar al 90% es la meta de los países si se quiere aprovechar la economía plateada”.
Anticipar con base en evidencia
De acuerdo el Informe sobre el Estado de la Población Mundial 2023 ligar problemas complejos como el calentamiento global al crecimiento demográfico, por ejemplo, es un peligro ya que se dejan de lado las causas de muchas crisis globales como la sanitaria, cuyo responsabilidad y origen es el Estado. Esta clase de narrativas disuaden a la ciudadanía de exigir a los órganos correspondientes y emprender acciones políticas.
La antropóloga Alanna Armitage, quien fue representante para el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) desde diciembre de 2021 hasta principios de 2026, compartió en el C3 que “la manera en que un problema se concibe puede puede conducir a soluciones radicalmente diferentes (...). Los imaginarios demográficos pesimistas distorsionan la comprensión de los fenómenos globales”.
Armitage señaló que el tomar al envejecimiento de las naciones como algo antinatural “sabotea la forma en la que las personas mayores son consideradas y contadas, socavando la capacidad de promover políticas más sofisticadas, basadas en evidencia y derechos humanos”. Por eso, dijo, hay que “anticipar, comprender y responder a estos cambios con políticas.
Giorguli coincidió en que es necesario construir una resiliencia demográfica, es decir, generar un sistema para adaptarse, anticipar y aprovechar las oportunidades de los cambios demográficos: “esto pasa por tener información demográfica confiable, por integrar las dinámicas demográficas a las políticas públicas, económicas, sociales; impulsar la agenda de derechos humanos y reproductivos”, concluyó.
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