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El fluir del chelo

Ángel Garduño Sánchez

1 de febrero de 2019

“Se me figura como estar en el cielo y en el núcleo de la Tierra”, dijo el pasado 31 de enero la chelista Edith Angélica Ramírez Flores durante la inauguración del nuevo ciclo de Jueves de Música en el Centro de Ciencias de la Complejidad (C3) de la UNAM, en esta ocasión dedicado a la música clásica.

Rodeada por las esculturas de la instalación Materia Oscura de Maribel Portela, inspiradas en las formas orgánicas, los patrones y el universo; de pie, con su chelo, sobre la roca volcánica producto de la erupción del volcán Xitle que caracteriza a los pedregales donde se asienta el C3, Ramírez comenzó su concierto haciendo notar a los asistentes un tenue sonido que reverberaba en el silencioso recinto y que hacía pensar en el flujo de un río.

Con esta alegoría, y desde “el núcleo de la Tierra” Ramírez introdujo su primera pieza: la Suite para violonchelo n.o 1 en sol mayor, BWV 1007 de Johann Sebastian Bach. El suave sonido de las cuerdas, convertidas en arpegios y variaciones, fluyó naturalmente, cual río, por cubículos y pasillos de forma completamente natural.


Un instrumento singular

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“Mi primer instrumento fue el piano”, dijo la chelista al ser entrevistada tras su presentación. “Ya después cuando vi la variedad de instrumentos encontré el chelo y dije: de ahí soy”. Ramírez estudió la licenciatura en música en la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Chihuahua y actualmente estudia la maestría en interpretación musical en la Facultad de Música de la UNAM. Su investigación revisa la biomecánica y conciencia corporal del cuerpo humano en la interpretación musical del violonchelo.

Ramírez tiene especial preferencia por tocar música de cámara, música escrita para pequeños ensambles: “la música de cámara es un poco mas íntima y tienes la posibilidad de ser un poco más creativo”, explicó la chelista. En este entorno ella disfruta más la interpretación y como público, uno es capaz de apreciar mejor el sentimiento que se vierte en las piezas. Actualmente, es miembro de “Kosmos Duo”.

Múltiples dimensiones

El sonido que emite el violonchelo fue el responsable de atrapar la atención de Ramírez. “Comencé a tocarlo a los 19 años y ahorita ya decidí consagrar mi vida al instrumento”, confesó. Para la interprete el chelo le permite explorar distintas dimensiones gracias al gran registro musical del instrumento. Con el, dice, “puedes hacer muchas cosas y tener muchos personajes”.

El interprete como sistema

Ramírez considera que el intérprete es un sistema que converge entre una variedad de habilidades (emocionales, motrices, visuales, escénicas, entre otras) necesarias en todo momento para alimentar las percepciones y lograr proyectar sus obras. Ahí radica la complejidad de la interpretación ya que “la complejidad es una característica de algo que está compuesto por varios elementos”, dijo.

Al término de su concierto Ramírez, curadora de este nuevo ciclo, invitó a los asistentes al siguiente concierto que se llevará a cabo en el C3 el próximo 14 de febrero, adelantando que para este concierto nos acompañará un cuarteto de guitarras.

La entrada es libre.

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