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El color de los sonidos

Ingrid M. Tinoco-Berrios*, Rosario Aguilar-Cristóbal y Silvia Sánchez Ramírez*

4 de septiembre de 2019

Con canicas y tazones de aluminio, acompañados por los sonidos graves de las cuerdas de un violonchelo, se creó una espiral de sonido que dejó perplejo a los asistentes al concierto Entrecruces: veo con la escucha un sabor de plata cristalina, que se presentó el pasado 29 de agosto en el Centro de Ciencias de la Complejidad (C3) de la UNAM dentro del ciclo Jueves de Música Gradiente musical.

Juntas, Aleyda Moreno, compositora, pianista e improvisadora, y la violoncellista Maricarmen Graue Huesca, exploraron el uso de elementos como cuencos tibetanos, crótalos o la voz, para construir un paisaje musical con el cual el público pudiera vivir una experiencia sinestésica, fenómeno neurológico que permite el entrecruzamiento de los sentidos como el ver colores mientras se escucha música.

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Para Graue, todas las personas experimentan de alguna forma la sinestesia aunque no siempre conscientemente. Como cuando se escucha algo y ese sonido evoca inmediatamente una imagen visual, o cuando una imagen, trae al espectador el recuerdo de “algún aroma o sonido”, explicó en entrevista.

Explorando los límites

Durante la interpretación de las piezas, Moreno, coordinadora del ciclo de música, deambuló con sus instrumentos entre el público lo que permitió que el sonido no se concentrara en un solo lugar. Más tarde, la compositora explicó en entrevista que la intención es lograr que “la percepción del oyente [sea] diferente” creando una “espacialización del sonido”, esto es, un diálogo con el espacio.

De esta forma, el concierto comenzó con la pieza Torrente de colores donde Moreno, girando canicas sobre el suelo, y Graue, acariciando las cuerdas con su arco, jugaron con la resonancia de los espacios abiertos del C3, acoplando la interpretación musical a los sonidos del propio edificio. Siguió Rugoso, con la cual las intérpretes invitaron al público a escuchar texturas, experimentando con sonidos que la misma audiencia creó con platos de unicel.

Plata cristal y Flotante, interpretadas con voces, crótalos, cuencos y copas de cristal, buscaron simular una sensación gustativa y olfativa similar a “probar una paleta de caramelo de cereza que evoca muchas imágenes y te hacen sentir en un ambiente diferente”, según explicó Moreno a la audiencia al presentar Flotante.

El evento finalizó con Agua, donde Moreno y Graue inundaron con sus voces, cada pasillo y cubículo del C3.

Sobre esta exploración musical tan inusual, Graue comentó en entrevista que uno de los objetivos del concierto fue "ofrecer algo distinto, [...] abrir una puerta para que la gente escuche de otra forma”, dando la oportunidad al público de aprender a disfrutar la riqueza de los sonidos que ofrecen objetos y espacios cotidianos más allá de lo que se entiende por música. Para Moreno, improvisaciones de este tipo dan la oportunidad a los músicos de entrar en “contacto directo con la emoción pura”, permitiendo la participación del público y la apreciación de música poco convencional.

Intangibles

Haber perdido la vista, explicó Graue, le permitió acercarse a “muchas percepciones que antes no tenía tangibles. El no ver ha interconectado mi cerebro con miles de imágenes perceptivas”. Esta experiencia le inspiró a colaborar con Moreno y explorar la sinestesia.

Para la violoncellista cualquier músico debe ser capaz de improvisar, lo que implica desarrollar tanto de la escucha como la creatividad y la imaginación. Por ello, le atraen “los proyectos que no son tan de música académica o clásica. Disfruto mucho de la improvisación”.

Moreno, especialista en composición e improvisación considera que “la composición es un poco más premeditada, la improvisación es más emocional, más visceral”. Sin embargo, destaca que improvisar no es sinónimo de una nula preparación y que para un concierto como este hubo antes tres meses de ensayo.

Los Jueves de Música en el C3 tiene, entre otros objetivos, permitir que músicos como Moreno y Graue presenten propuestas novedosas. “Para mi este es un centro de investigación y de convergencia de distintas áreas. Es entonces un lugar muy propicio para la experimentación”, concluyó Graue.

*Becaria del Programa UNAM-DGAPA-PAPIME PE308217

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