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El lugar de los muertos

Ángel Garduño-Sánchez, Dulce Carolina Atempa y Laura Vargas-Parada

02 de noviembre de 2019

"El mexicano frecuenta a la muerte, la burla, la acaricia, duerme con ella,
la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor permanente".
Octavio Paz

El precio que los seres humanos pagamos por tener conciencia de nuestra propia vida es la difícil pero inevitable realización de que, como todo ser vivo, moriremos en algún momento. Sin embargo, la concepción de la muerte está permeada por el contexto cultural y nuestro país es el ejemplo perfecto.

México, heredero de algunas de las culturas precolombinas más importantes, tiene abundantes representaciones simbólicas de la muerte en la vida cotidiana. La muerte no le es ajena al mexicano que la conmemora, anualmente, el 1 y 2 de noviembre, en el ahora tan conocido y festejado “Día de Muertos”.

Participar en rituales y eventos centrados en la muerte era parte de su socialización permitiendo aceptarla como una parte más de la vida, explicó Rogelio Laguna Chavira geofísico egresado de la UNAM, sobre las costumbres prehispánicas practicadas por los pueblos de Milpa Alta para recordar a los muertos. Pero, “como fuimos invadidos, nuestra cosmovisión se trastocó de fondo y ahora, la muerte, ya tiene [también] un significado de dolor, de duelo, de cierta angustia existencial”, dijo. Laguna Chavira impartió la conferencia “La muerte en Milpa Alta” el pasado 28 de octubre en el Centro de Ciencias de la Complejidad (C3) de la UNAM.

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Altar de muertos del C3 inspirado en las constumbres y tradiciones de los pueblos de Milpa Alta.

La ciencia después de la muerte

Para el geofísico, su trabajo de tesis doctoral en antropología, Los rituales de muerte en Milpa Alta a través del tiempo le ha permitido comprender que la conmemoración del día de muertos es “uno de los mejores procesos para liberar el duelo, un proceso tanatológico”.

En un estudio publicado en la revista científica Death Studies en diciembre del año pasado, investigadores de Eslovaquia y Estados Unidos investigaron el impacto que tienen las memorias de socialización en torno a la muerte en adultos durante el proceso de duelo. Los resultados sugieren que aquellas personas a las cuales sus padres no privaron de información sobre la muerte lidiaron mejor con ella durante la niñez y la adultez.

Otra investigación, publicada en la misma revista, encontró que las personas ateas o no creyentes tienen menores niveles de ansiedad a la muerte —miedo— y una relación positiva en la aceptación de ésta. El estudio se diseñó para explorar cómo la edad, la certeza en una creencia, el género o considerar a la ciencia como una forma superior de conocer el mundo están relacionados con la ansiedad a la muerte o su aceptación.

Un pasado prehispánico

Durante su ponencia, Laguna Chavira presentó algunos resultados del trabajo que realiza en la comunidad de Milpa Alta, ubicada en el suroriente de la Ciudad de México y considerada una importante reserva ecosistémica en la zona que comprende el Ajusco y el corredor biológico Chichinautzin.

La zona, habitada por doce pueblos de origen prehispánico, es depositaria de un gran patrimonio cultural que puede verse, y vivirse, con las tradiciones que acompañan al día de muertos: cada pueblo con su propia y única forma de acompañar a los fieles difuntos.

Laguna Chavira destacó algunas de estas tradiciones, como las fogatas y velas para guiar a las almas, las estrellas de doce picos para recibir a aquellos difuntos que ya no tienen familia, o los altares que, en plena muestra de sincretismo, se montan en el altar mayor de la iglesia.

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Para Laguna, todas estas tradiciones son la forma en que los mexicanos logramos encontrar la paz con nuestros muertos, un rencuentro anual que permite revisar, reflexionar y dejar partir.

Bien lo sintetizó con un verso que leyó del náhuatl original y explicó “guarda bien la esencia de la población originaria de Milpa Alta”. Una esencia que busca rescatar el sentido de comunidad sea para honrar a los muertos o trabajar para proteger sus bosques y recursos naturales:

“No es verdad que somos de aquí, sólo somos caminantes por este mundo. Sólo somos como mariposas de vuelo efímero, pronto desapareceremos. Nuestra vida es como el trino del pájaro cantor, sonoro y hermoso se escucha en la primavera y pronto fenece”.

La conferencia formó parte de la inauguración de la exposición fotográfica “La Muerte en Milpa Alta”, de la diseñadora gráfica y miembro del C3, Brenda Laguna García. La exposición estará abierta al público hasta el 15 de noviembre.


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