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El sonido de la poesía

Rosario Aguilar-Cristóbal y Metzli Gasca Torres

1 de junio de 2020

Una serie de sonidos desconcertantes emergieron de los pasillos del Centro de Ciencias de la Complejidad (C3) de la Universidad Nacional Autónoma de México: las cuerdas de un ukulele tocadas como violín, sonidos de silbato, golpeteos fuertes de metal y una voz melodiosa dieron lugar a una escena musical acompañada por esculturas, instalaciones y exposiciones fotográficas visibilizando la violencia de género. Ante este emotivo ambiente, Albania Juárez, cerrando los ojos, se concentraba en su música, que se sometía a una única regla, seguir su instinto.

Fue bajo esta atmósfera musical que Juárez, artista visual, se presentó dentro del ciclo de conciertos Jueves de Música en el C3 #Gradiente Musical, el pasado 12 de marzo.

Extrayendo el poema de la hoja

Albania Juárez también pasó por las aulas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM donde estudió la carrera de Letras Francesas. Fue su formación profesional e interés personal lo que la acercó a la poesía sonora. “Esta corriente empieza con el dadaísmo en las vanguardias artísticas”, explicó en entrevista. “La idea era romper con la norma de las vanguardias, entonces los poetas pensaron que su forma de romper con eso era sacar al poema de la hoja y de la escritura, más bien enfocarse en la sonoridad de la palabra”.

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Con este antecedente, su arte consiste en la improvisación musical, en no seguir una partitura ni preocuparse por la estructura de la obra sino solo concentrarse en generar texturas sonoras tomando los sentidos primarios de las cosas.

Las piezas que ella presenta surgen de la espontaneidad, del instante mismo, formadas por la intuición y la creatividad de la intérprete. “Creo que parte de la improvisación sonora es dejar que la intención brote con la improvisación, es algo fuera de los planeado, pero al mismo tiempo, no deja de ser algo que viene del instinto”, dijo la también artista visual.

El sonido que dialoga con las eventualidades

Egresada de la Escuela Nacional de Escultura, Pintura y Grabado “La Esmeralda", Juárez explicó que la espontaneidad obliga a los músicos a estar entre la línea del control y el descontrol, alejarse del control sería considerado un error dentro de una sala de concierto, sin embargo, a los oídos de la improvisación musical, el descontrol forma parte del paisaje sonoro.

Juárez forma parte del ensamble Montañas rojas, un grupo relativamente nuevo conformado también por Alina Maldonado, Alda Arita y Loretta Ratto. Para Juárez, el resultado final, es decir, las piezas que escuchamos son el producto de la naturaleza de las personas, de nuestra cultura, del estilo de cada integrante. Por ello, al buscar algo que las representara, la imagen en la que todas coincidieron fue un volcán de fuego, “porque aguarda y luego explota y, al igual que la improvisación, no tienes nada compuesto nada planeado”, explicó.

La misma improvisación, conciertos y presentaciones de este tipo de música con sonidos poco convencionales hizo que coincidieran y se conocieran. “Concordamos y dijimos ‘me gusta como suenas’”, recuerda Juárez.

Sobre su proceso de creación musical Juárez explicó: “Si sale un sonido que en mi interior no me agrada como suena, tal vez, a alguna de mis compañeras le sirve y lo integra, O, al contrario, alguna de ellas produce un sonido que no les agrada, pero a mí me sirve, entonces yo lo respondo”. De esta forma el proceso creativo se construye a partir del diálogo improvisado a partir de esos “accidentes”. Para ellas, el sonido de la poesía.


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